Lenguaje corporal y emociones

Movimientos, gestos y posturas corporales emiten mensajes sobre nuestro “mundo interior”. Si aprendemos a interpretarlos, a entender la mutua relación que mantienen, podrán ser una herramienta muy valiosa para producir cambios positivos en nuestras dolencias emocionales y físicas.

Dice el Dr. Feldenkrais que nuestra autoimagen gobierna cada uno de nuestros actos, lo que significa que hablamos, nos movemos, pensamos y sentimos de acuerdo con la propia imagen que cada uno se ha construido a lo largo de los años, y afirma que si queremos modificar nuestra manera de actuar debemos modificar la autoimagen.

Por ejemplo, podemos observar que cada persona tiene una manera de caminar que le es característica, que la posición de los hombros, la cabeza y el estómago varía en cada ser así como su voz y su expresión; todo esto se basa en su autoimagen (sea la persona consciente o no de ella).

Siguiendo con la idea de que para el propio cambio o mejoramiento hay que modificar la autoimagen, Feldenkrais aclara que la corrección aislada de las acciones no es el camino más eficaz, él propone mejorar la dinámica general de la imagen.

Según Feldenkrais: “el movimiento constituye la base del conocimiento” (*) y explica que la mayor parte de lo que sucede dentro de nosotros permanece oculto hasta que llega a los músculos. Podemos “leer” el miedo, la ansiedad, la risa u otro sentimiento en nuestra postura corporal, estabilidad y actitud.  Postura se relaciona con acción.

Muchos son los terapeutas e investigadores que comparten este vínculo entre postura corporal y estados emocionales. Leon Chaitow expone en su libro Técnicas neuromusculares, una caricatura hecha por el osteópata británico Philip Latey donde muestra el concepto de puños (superior, medio e inferior) para describir patrones posturales relacionados con las emociones. La siguiente foto muestra la imagen del puño inferior, que se centra en el funcionamiento de la pelvis. Asocia la contracción muscular del periné, el cierre alrededor de los orificios anal, genital y urinario con emociones de control, ansiedad, temor… Cuando la emoción predominante es constante la tensión de los tejidos también lo es y con el tiempo se van produciendo desequilibrios mecánicos y dolores osteomusculares en la zona lumbar, la pelvis y las extremidades inferiores.

Imagen que representa la postura corporal cuando existe el "puño inferior"

Puño inferior - Philip Latey

Myers, en su libro Vías anatómicas explica cómo se acorta la línea frontal superficial en respuesta a un sobresalto. Citando a Thomas Hanna nos describe esta postura que puedes ver en la próxima imagen:

Dibujo de la postura corporal de sobresalto.

Postura corporal de sobresalto - Thomas Hanna

Vemos en el dibujo que las apófisis mastoides se acercan al hueso púbico protegiendo así los órganos de la región anterior y simultáneamente se retrae el cuello en hiperextensión, adelantando y bajando la cabeza. Esta respuesta biológica defensiva se vuelve un problema cuando se la mantiene prolongadamente, es decir, cuando no nos encontramos frente a una “situación real” de peligro y aún así vamos por la vida en dicha postura. Con el tiempo se afectan negativamente las funciones musculoesqueléticas, especialmente la respiración.

Y para despedirme, ingenio y humor : te dejo una viñeta de Charlie Brown que ilustra maravillosamente la interrelación emoción -biomecánica.

Humor de Charlie Brown. Depresión y postura corporal.


(*) Feldenkrais define al conocimiento como conciencia más comprensión de lo que sucede en nuestro interior cuando estamos plenamente atentos, despiertos.

Bibliografía:

– Autoconciencia por el movimiento – ejercicios fáciles para mejorar tu postura, visión, imaginación y desarrollo, Moshé Feldenkrais, Ed. Paidós
– Aplicación clínica de técnicas neuromusculares, Chaitow – DeLany, Ed. Elsevier
– Vías anatómicas, Thomas Myers, Ed. Elsevier

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Basada en una obra en andreasaracco.wordpress.com.

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Dolor físico y emocional

El dolor como mensajero

El dolor fascial puede aparecer repentina y agudamente o como un malestar que gradualmente (meses, años) se convierte en intenso. Sea cual sea su forma de aparición, indica un proceso de lesión tisular, de microtraumatismos que van volviendo la zona afectada irritable, sensible y en muchos casos limitando su funcionalidad.

En general, el dolor (especialmente el agudo) ejerce una función protectora: evita el uso de la zona dañada permitiendo su descanso para que se produzca su recuperación.

La presencia del dolor implica el aumento de actividad del sistema nervioso simpático, Parte de cuerpo en blanco y negro, escrito sobre la piel.asociado a la psicopercepción (emociones); es posible que nos desate sensaciones de temor, angustia o ansiedad. Asimismo, la permanencia del dolor (cuando se torna crónico) tiende a acrecentar dichas emociones y en ocasiones, si se desconoce la causa, algunas personas pueden caer en depresión. Si la imaginación se pone en marcha aportando pensamientos negativos las emociones se amplifican.

Con este panorama el dolor se nos presenta como una experiencia desagradable de la cual queremos huir lo antes posible y eliminar el dolor se convierte en nuestro objetivo número 1.

El mensaje del dolor

Ya sea que el dolor aparezca sorpresiva o lentamente es innegable que capta nuestra atención interrumpiendo la normal continuidad de nuestra vida diaria. Ante esta situación podemos desatenderlo o acallarlo sin intentar averiguar el motivo de su origen. Si en cambio, atendemos esta “llamada” que nos llega y conectamos con ella estaremos ante la posibilidad de descubrir sus causas. El dolor es portador de información, es un mensajero que nos viene a decir que algo falla, como una alarma contra incendios que empieza a sonar; si nuestra respuesta es coger el martillo y romperla para acallarla ¿apagaremos el incendio? Puede que coincidas conmigo en que el dolor que se comprende es más fácil de afrontar.

Cuerpo y emoción están íntimamente relacionados. El Dr. Wilhelm Reich , padre de las terapias corporales, trabajaba con sus pacientes tanto en el plano psíquico como físico. Consideraba que los músculos rígidos contenían una emoción “encerrada” y al trabajar sobre ellos y relajarlos se liberaba algún recuerdo o afloraban bronca, angustia, temor y el dolor físico mermaba o desaparecía.

Si nos enfocamos en el plano físico únicamente también podremos seguir las señales del dolor para descubrir sus causas. Supongamos un dolor en la cara posterior de tu antebrazo que se extiende hasta el dedo índice. Puedes revisar mentalmente si es un dolor nuevo y repentino o ha ido aumentando en días, semanas o meses; con qué movimientos empeora y con cuáles mejora, si guarda relación con otra parte del cuerpo y también observar si hay alguna emoción ligada a él. Supongamos que investigando encuentras que el dolor que estás experimentando es por el uso constante del ratón del ordenador… pues bien… ahora queda evaluar las acciones correctas que corten la repetición de este patrón. Por ejemplo usar un ratón adecuado para el tamaño de tu mano, usar más los mandos del teclado, hacer estiramientos, etc.

La próxima vez que un dolor reclame tu atención pon en marcha tu atención y dedicación, intenta comprender su lenguaje y te aseguro que verás en él un aliado que te guiará hasta sus causas.

Bibliografía:

– La enfermedad como camino, Deihlefsen – Dahlke, Plaza & Janés editores.
– Cómo conocer, localizar y tratar los puntos gatillo miofasciales, Leon Chaitow – Sandy Fritz, Editorial Elsevier.

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