Dolor lumbar

Ocho de cada diez personas en vida activa presentan lumbalgias, lo que supone un importante problema social y laboral. En el 90% de los casos el dolor desaparece en unos meses, aunque son frecuentes las recaídas.

Se denomina lumbalgia (o lumbago) a todo cuadro doloroso asentado en la columna lumbar.

Según su origen, las lumbalgias pueden ser:Imagen en translúcida de la columna vertebral humana, con marcación en rojo de la zona lumbar.

  • mecánicas: son las más frecuentes y se deben a una alteración de las estructuras de la columna lumbar. Existen múltiples causas: malas posturas, prácticas deportivas sin entrenamiento adecuado.
  • movimientos bruscos, hernias discales, artrosis vertebral, alteración en la curvatura normal, osteoporosis, factores psicológicos, estrechamiento del canal espinal (estenosis espinal).
  • inflamatorias: se originan por enfermedades que producen una inflamación de las vértebras, de los tendones o de las articulaciones adyacentes. Generalmente supone una limitación funcional.
  • otras: infecciosas, metabólicas, neoplásicas (tumores).

El 85% de los casos de dolor lumbar se deben a causas mecánicas o inespecíficas que por lo general no encierran ninguna causa subyacente. Se caracterizan por un dolor posterior a un esfuerzo mal hecho que aumenta al moverse y cede en reposo. Suele suceder que no existe limitación funcional pero la persona mantiene una postura estática para evitar el dolor. Podrías desarrollar este tipo de sintomatología al:

Una lumbalgia es aguda cuando se encuentra dentro de las 3 semanas desde su aparición y suele ser pasajera en la mayoría de los casos. Le sigue una fase subaguda que va de la semana 4 a la 12, y se hace crónica a los tres meses de evolución. En esta última el factor psicológico suele jugar un papel importante ya que los pacientes llegan a esta situación con desánimo por  las características de su propia personalidad y los fracasos terapéuticos por los que ha pasado.

Existe también la lumbalgia de repetición que es aquella que requiere de nueva asistencia un mes más tarde de haber sido dada de alta o de una nueva baja laboral.

Estudios científicos demuestran que el dolor de espalda constituye la primera causa de absentismo laboral por enfermedad en los países desarrollados. La Red Española de Investigadores en Dolencias de la Espalda (REIDE), desarrolló en el 2007 un estudio sobre el dolor de espalda y la relación entre miedo y baja laboral, arrojando la siguiente conclusión: “el miedo al origen o las consecuencias del dolor lumbar, medido por el cuestionario FAB, tiene una influencia determinante sobre la baja laboral a lo largo del año siguiente al momento de su valoración, y que ese efecto es directo (es decir, no varía en función de la intensidad del dolor, su duración o las demás variables que se analizaron)”.

Se han mencionado más de 50 modalidades de tratamiento: ejercicios, frío o calor, ultrasonido, masaje, manipulación, movilización, TENS, cirugía, etc, etc. Lo cierto es que no se puede establecer que una terapia es mejor que otra ya que la mitad de los pacientes mejoran al margen del tratamiento aplicado. Si bien la ciencia no puede definir un tratamiento óptimo, hay modalidades terapéuticas que se pueden aplicar con resultados eficaces en muchos pacientes.

El reposo en cama ha sido durante muchos años la prescripción habitual pero actualmente existe un criterio claro que es que reposo prolongado es inoperante o perjudicial, en cambio proseguir con la actividad normal y realizar ejercicio resultan el mejor tratamiento. Se suele aconsejar reposo cuando hay dolor agudo o alguna lesión osteoarticular, pero sólo por 48 horas.

El tratamiento en la fase aguda está orientado a aliviar el dolor y facilitar la actividad. Se utilizan los analgésicos orales, aplicación de frío (es más aconsejable que el calor, aunque éste funciona bien en algunos pacientes), TENS. El ultrasonido pulsado, la onda corta y la microonda pulsada, el láser. El masaje y las manipulaciones vertebrales para relajar la musculatura. Actividad habitual, ejercicios específicos.

Para la fase crónica los analgésicos se prescriben durante una agudización. El objetivo principal está en prevenir o reducir la minusvalía física y mental, y mejorar la calidad de vida. Se recomienda recuperar la actividad normal, (y laboral si es el caso), realizar ejercicios progresivos y emprender una reeducación postural.

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