Comprensión de las crisis evolutivas

Por Lic. Ana María Saracco

Desde un punto de vista tradicional, tal vez parezca imposible que experiencias tan dramáticas y desorganizantes como las que constituyen las formas más extremas de la emergencia espiritual puedan ser parte de un proceso natural y, mucho menos, de un proceso curativo que favorezca la evolución”. Stanislav Grof

Vivimos refugiados en delimitadas identidades que nos permiten accionar en el mundo cotidiano, que es nuestro espacio conocido, con la libertad condicionada por el marco contenedor de la habitualidad. Este universo conocido se construyó y se sostiene a partir de arraigadas creencias que estructuran nuestros pensamientos habituales y que devienen de las experiencias evolutivas. Estas estructuras de pensamiento que provienen de planos que se encuentran fuera de alcance de la conciencia ordinaria, sustentan las identidades actuadas por el ego en el mundo de la forma. El ego necesita apoyarse en las diferentes identidades que admite para evitar la amenaza de realidades desconocidas. Ram Dass al respecto señala: “Tu ego te ha estafado; crees que para sobrevivir necesitas su manera específica de pensar. El ego te controla por mediación del miedo a la pérdida de identidad. Parece como si abandonar esos pensamientos equivaliera a eliminarte, de modo que te aferras a ellos”. En ese sentido, todo proceso de aprendizaje involucra necesariamente la disolución de estructuras previas a partir de la introducción de un nuevo elemento encargado de desarticular los viejos funcionamientos que darán nacimiento a una nueva configuración más evolucionada. El ingreso de este elemento extraño al sistema, enfrentará a quien lo experimente a una crisis que lo llevará necesariamente a una modificación en su estructura interna.
El proceso de evolución de la conciencia deviene del cumplimiento de cada una de las etapas que darán lugar a la creación de un nuevo equilibrio, de orden superior al anterior. Es así como podremos conocer al mundo y por consiguiente a nosotros mismos. Con la aceptación del proceso desestructurante emergeremos a nuevas realidades, liberándonos de la prisión de lo conocido.

Una invitación al cambio

El deseo de trascendencia y la necesidad de un desarrollo interno se hace cada día más evidente en la vida de las personas. Y muchas veces estos anhelos de cambio se presentan a través de una crisis interior que nos indica que algo viejo está muriendo para dar pase a algo nuevo, mucho mejor para nosotros. Esta transición, que implica una muerte y una resurrección, se convierte en un duro desafío a trascender ya que la sola decisión de encararlo nos enfrenta con un camino hasta entonces desconocido pero acertado.
Actualmente son muchos quienes atraviesan profundas transformaciones personales relacionadas con la apertura espiritual. Pero muchas veces esta llamada a la evolución es desatendida por quienes la reciben, muchas veces por temor a encarar esta aventura y otras, por ignorancia. El punto está en aceptar la vida como una transformación continua y emprender cada uno de los cambios como pasos a dar, sin ataduras ni apegos. Cada invitación a la transformación de viejos patrones permite a la persona continuar en su búsqueda de su verdadero ser, aunque ello también implique enfrentar realidades que muchas veces no resultan gratas reconocer. Es por ello que siempre hay que tener en cuenta que en una crisis siempre hay una oportunidad y la apertura significa la aceptación de la necesidad de una modificación. Cada cambio nos coloca en un grado de mayor acercamiento a la verdad sobre quienes somos y sobre el mundo. Es un momento de des-ilusión y por consiguiente de dolor y agonía por permitir la muerte de viejos conceptos e ideas que se revelan limitativos para encarar la vida. Esta sensación se vive como la pérdida de todo lo que se sabe que es y en todos los niveles del ser se experimenta un estado de aniquilación total. Pero si aún dentro del terror y la amenaza de destrucción del yo podemos animarnos a seguir adelante, experimentaremos la sanación y la transformación que devienen de atravesar el estadio tormentoso.

La mirada Transpersonal
La Psicología Transpersonal conceptualiza a las crisis emocionales como evolutivas, dándole la posibilidad la persona que las atraviesa, de crecer y acceder a un nuevo nivel de conciencia. En ese sentido el psiquiatra checo-americano Stanislav Grof, pionero y fuente nutricia de este nuevo paradigma, define a este tipo de crisis como “emergencias espirituales” y las considera un claro síntoma de un cambio que busca concretarse para provocar un crecimiento y una curación. Lamentablemente muchos profesionales de la salud todavía no aceptan el potencial curativo de estas situaciones críticas o buscan “controlarlas” mediante el uso de farmacología. El “viejo” paradigma no incluye a la espiritualidad como aspecto superior de la psiquis por lo que considera que las vivencias espirituales directas reflejan una perturbación en la persona que las atraviesan.
En los años 60 se produjo un crecimiento en el interés por el alcance potencial de la conciencia humana y por las ideas de Jung, muy adelantadas para su época. El descubrimiento junguiano demostró que la psiquis humana puede acceder a imágenes y motivos universales, arquetipos que pertenecen a un inconsciente colectivo. Además las fuerzas poderosas de las tradiciones místicas descubrieron la necesidad de crear un nuevo modelo de la psiquis donde se contemplen los contenidos de estas experiencias como emergente de lugares profundos de la psiquis no accesibles normalmente.
En ese sentido, las investigaciones que Grof desarrolló a lo largo de 30 años sobre los diferentes estados ampliados de conciencia lo llevó a diseñar una nueva cartografía del psiquismo humano, adicionando a los planos personales, los niveles transpersonales: “sentimientos de unidad con el universo entero, visiones e imágenes de tiempos y lugares lejanos, sensaciones de corrientes vibrantes a través de todo el cuerpo; visiones de dioses, semidioses y demonios. Vívidos destellos de luces brillantes con colores del arco iris. Miedo a caer en una locura inminente o también a morir”. Así describe Grof a los estados extraordinarios de conciencia que permiten a quien los transita emerger de estas experiencias con una mayor sensación de bienestar y un mejor funcionamiento en su vida diaria.
Para explicar su postura, Grof hace referencia al ideograma chino de crisis que “representa perfectamente la idea de la emergencia espiritual. Está compuesto de dos signos básicos, unos de ellos significa peligro y el otro oportunidad”. Si bien es difícil, y atravesarla puede producir mucho temor por todo lo que implica, la crisis deber ser considerada como un pasaje de transformación personal donde se acciona una energía sanadora. La compresión de esta situación brinda a la persona la posibilidad de experimentar como natural este proceso a favor de la evolución de la conciencia. No obstante, se requiere una guía experta que acompañe todo el proceso para auspiciar la comprensión de quien lo vivencia y producir así cambios positivos para su vida y emerger hacia una nueva forma de funcionamiento de orden superior.
El síndrome de pánico es un claro ejemplo de una verdadera crisis de emergencia espiritual. En vez de ser tomado como patología, la Psicología Transpersonal lo considera una gran oportunidad para confrontar aspectos nuevos a ser integrados. Durante la crisis la persona se siente “rara”, incómoda, abrumada por emociones intensas, pensamientos extraños. En todos los niveles de su ser experimenta algo diferente: intensidad emocional, cambios en la percepción habitual del mundo, procesos no habituales de pensamiento, alguna afección corporal, que lo llevan a tener experiencias internas inéditas que le resultan difíciles de enfrentar. Se trata de un proceso alarmante y dramático pero fundamentalmente transformador si se lo toma como una experiencia de sanación personal.

Un camino hacia la liberación
El proceso de sanación que conduce a la evolución de la conciencia solo se alcanza cuando todo el ser se ve atravesado en un sentir conmocionante. La compresión intelectual es una parte importante, es aquella que permite sostener y cooperar cuando las fuerzas transformadoras se han desencadenado. Pero es la experiencia directa la que finalmente abrirá las puertas al despertar espiritual.
La crisis de pánico, como manifestación de un proceso de integración de la conciencia, posibilita la liberación y la limpieza de viejas memorias traumáticas que encierran una fuerte carga emocional y que actúan inconscientes donde se encuentran. El grado de comprensión del hecho de asistir a la remoción de patrones arcaicos de funcionamiento que resultan negativos y limitativos en el modo de encarar la vida, permite a quien atraviese esta crisis cooperar con el proceso natural del desarrollo espiritual. Este hecho liberador otorga la posibilidad de contactar las memorias del alma observándolas como experiencias de aprendizaje sin el contenido perturbador que originalmente tenían. La conciencia del cambio operado en las “entrañas” del ser determinará la conquista de nuevos modos de experimentarse a uno mismo.  La crisis puede ser desencadenada por distintos factores que llevan a la persona a un estado límite. Ejemplo de ello se podría considerar al cansancio físico extremo, la prolongada falta de sueño, accidentes, enfermedades, operaciones, experiencias sexuales intensas, un desastre financiero, experiencias cercanas a la muerte, un divorcio o la muerte de un ser querido. Esta situación crítica puede traer un intenso sufrimiento y un sentimiento de  oscuridad interna reconocida por los místicos cristianos como “la noche oscura del alma”. El miedo, la sensación de desolación, el temor a la locura y a la muerte son los componentes fundamentales de este tipo de procesos.
Existe también la posibilidad de que el hombre inicie, de modo espontáneo y voluntario, el camino que lo conduzca a una búsqueda consciente de la sabiduría, la felicidad y el poder; sin necesidad de tener que enfrentar una “noche oscura del alma”. Pero hay otras veces que el Universo lo enfrenta bruscamente a las situaciones para forzar su evolución y la apertura de su conciencia. Pero tanto una situación como la otra, son circunstancias que colocan al individuo ante una verdadera prueba.
En este tipo de experiencias profundas que lleva al desequilibrio de todos los niveles del ser puede interpretarse erróneamente como signo de enfermedad ya que la persona se encuentra en un estado de desarmonía y desequilibrio de la salud. Si esta lectura prospera, la acción consciente será la búsqueda de reestablecer el equilibrio perdido para volver a la situación anterior donde todo estaba “prolijamente” ordenado.
¿Cuál es el sentido de la aparición de la sintomatología que lleva a la ruptura del equilibrio? Según los postulados del médico galés Richard Bach, la enfermedad actúa como corrector ya que en algún punto nos hemos desviado del camino. El síntoma se presenta para ser observado y permitir que nos conduzca a un conocimiento sobre nosotros mismos. La comprensión de la aparición del estado crítico será la clave para superar el caos necesario para la configuración de un nuevo orden. En este sentido, es imposible la recuperación del estado anterior aunque se encuentren en el deseo de todo aquel que no quiera verse involucrado en una transformación.

Existen tramos en el sendero de la vida que resultan muy difíciles de ser atravesados. Son aquellas etapas críticas que ponen a prueba nuestra capacidad de respuesta frente a los “inusuales” desafíos planteados. La importancia de esos momentos radica en que se han configurado las circunstancias para permitirnos una profunda transformación psicológica que involucra al ser completo. Trascender estas experiencias genera nuevas energías que posibilitan el acceso a un nivel superior de conciencia donde se manifiesta la evolución. Cuando la persona puede dar cuenta de la importancia de este proceso transformativo, puede trascender el dolor y el sufrimiento y experimentar así el nacimiento de una nueva realidad más clara y auténtica. Es por eso que, a medida que avanzamos en el camino espiritual despertamos a la conciencia con el sentido inherente a toda experiencia vital, sentido que otorga valor y dirección a la encarnación del ser. La posibilidad de vislumbrar el sentido trascendental del aprendizaje del hombre encarnado facilita enormemente la travesía por las zonas oscuras del sendero pues la creciente comprensión permite el ejercicio de la entrega como guía de lo superior. En estas etapas el ego puede ya dar cuenta de responder al servicio del espíritu quien da sentido a su existencia. También se puede interpretar a las crisis como la programación que trae el alma que busca expresarse y llevarse a cabo en la realidad manifiesta. De esta manera, se accionan mecanismos para que esto suceda y se realice el plan a ser desarrollado en esta encarnación. Esa misión es la que impulsa y convoca a las energías que desencadenarán el proceso. Es un plan que busca ser llevado a cabo y que puede crear una tensión muy grande cuando la personalidad (ego) está muy desalineada con su alma. Allí se manifiesta la génesis de la enfermedad. Aquellos factores que pueden producir una ruptura  del velo de la personalidad para permitir que emerja aquella energía desde el núcleo esencial, son los impulsores a la evolución de la conciencia.

La manifestación de las emergencias espirituales
Según Grof, existen tres categorías diferentes de experiencias en las emergencias espirituales. La primera está directamente relacionada con las experiencias que corresponden a la vida personal, a la historia de vida de la persona.  Es por eso que son llamadas biográficas. La persona revive acontecimientos traumáticos para su vida, especialmente de la infancia; para sanarlos y trascenderlos. La segunda clase abarca los temas de la muerte y el renacimiento correspondientes al período perinatal. Como están relacionadas al nacimiento biológico, pueden movilizarse los recuerdos de la propia venida al mundo. El nacimiento es un acontecimiento difícil y amenazante para la vida. En ese sentido, Grof destaca el papel fundamental que desempeña el trauma del nacimiento en el psiquismo humano y observa que la impronta del nacimiento biológico está íntimamente ligada a la sensación de muerte.  Finalmente, la tercera categoría está vinculada a las experiencias que van más allá de lo ordinario. Se las llaman transpersonales porque implican imágenes y motivos que parecen tener su fuente al margen de la historia personal del sujeto. Muchas emergencias espirituales tienen un componente significativo de experiencias que pertenecen al ámbito transpersonal que trascienden las fronteras ordinarias de la personalidad. Este tipo de experiencias son catalogadas como místicas, religiosas o mágicas. Para contactar con la dimensión traspersonal es necesario superar la limitación física para que nuestras percepciones la atraviesen y se extiendan hacia otros espacios y hacia otros tiempos. El campo de la conciencia no ordinario no está confinado ni al “aquí”, ni al “ahora”, ni a la materia. Se pueden vivir acontecimientos remotos, en otro tiempo y otro espacio con tanta nitidez como si estos estuviesen ocurriendo en este preciso momento. La terapia de vidas pasadas es un testimonio fiel de esta aseveración. Este tipo de experiencias demuestran que la conciencia individual puede continuarse de una vida a otra. Cuando se evocan contenidos que pertenecen a vidas anteriores y se dejan que estos se manifiesten a la conciencia para experimentarlos plenamente, pierden el poder perturbador que ejercen en nuestra vida. De manera similar, las experiencias positivas y liberadoras también tienen un extraordinario impacto emotivo. Esto ocurre cuando se conecta con sentimientos profundos de amor y de unidad tanto con la naturaleza como con los demás personas y lo Divino.
La emergencia espiritual puede adoptar muchas formas. Las experiencias transpersonales sugieren trascender barreras espaciales con lo cual las fronteras entre el individuo y el resto del Universo no son fijas ni absolutas. En un estado ampliado de conciencia se puede experimentar claramente esta disolución de fronteras y sentirse fusionado con otra u otras personas en un sentimiento único de unidad. De modo similar, los límites individuales pueden trascender y conectarse en una experiencia de fusión con la conciencia de animales, plantas, objetos y procesos inorgánicos. Es incluso posible experimentar la conciencia de nuestro planeta o de todo el Universo. Duramente una experiencia personal tuve una vivencia de fusión con un vegetal que me produjo un fuerte impacto: me permitió comprender la comunión permanente con toda la Creación, la hermandad y el respeto que debemos cultivar por nuestros hermanos de otros reinos. Otra fuerte experiencia me la brindó una total identificación con la conciencia de un tigre. El tigre se presentó para ayudarme a resolver una situación en la cual me sentía atrapada. Desde los recursos humanos no podía resolverla pero su aparición desencadenó al instante el proceso de fusión y desde allí lo pude resolver. El tigre me conectó con mi fuerza instintiva, con mi capacidad de supervivencia que era lo que necesitaba para emerger. Fui un tigre y comprendí sin juzgar. Y allí está el aprendizaje.

Estados alterados de conciencia
Hablar de estados alterados de conciencia o experiencias transpersonales no resulta fácil ya que es difícil comprender cuando no se está atravesando este tipo de experiencias. Afortunadamente, el crecimiento de la difusión de distintas técnicas de alteración de la conciencia posibilita que cada vez más sean los que se muestran con estas vivencias intensas. Necesariamente esta apertura posibilitará el quiebre a las creencias limitativas ordinarias para dar paso a las experiencias no ordinarias.
Se podría incluir entre las experiencias transpersonales a aquellas que refieren a contactos con entes desencarnados y experiencias en el reino astral. Esta casuística está ampliamente tratada en la literatura moderna y es un tema que está cobrando cada vez más difusión. En las manifestaciones más simples, las personas ven apariciones espontáneas de sus seres queridos o de otros seres muertos y reciben sus mensajes. También la comunicación con guías espirituales o con un ser que asume una posición de maestro o de protector puede ocurrir en este tipo de experiencias. Este hecho además de probar la existencia de realidades espirituales resulta de alto beneficio como fuente de información y guía. Estos tipos de conexiones pueden asumir formas humanas o pueden ser visualizadas, por ejemplo, como una fuente radiante de luz. La canalización es un fenómeno particular que se da dentro de este tipo de experiencias. Alguien transmite mensajes procedentes de una fuente externa a su propia conciencia. Algunas veces las aventuras transpersonales nos pueden transportar a mundos diferentes y ajenos a nosotros, que se encuentran en otros planos de la realidad. En esta categoría significamos los encuentros con seres inteligentes que habitan otros “lugares”. Otro tipo de estados transpersonales son las experiencias de estar fuera del cuerpo en las que una persona es capaz de “viajar” a sitios lejanos y retirarse de lo que allí sucede. Frecuentemente esto es lo que ocurre en experiencias de cercanía con la muerte. La evidencia más convincente de la autenticidad de los fenómenos transpersonales provienen del estudio de estas experiencias de salida del cuerpo durante las cuales se pueden sentir que la propia conciencia se ha separado del cuerpo y puede viajar y observar acontecimientos que suceden en lugares remotos. Las personas que atraviesan este tipo de situaciones emergen de ellas con una visión espiritual que transforma su cosmovisión de la realidad. La muerte y el nacimiento son vivencias profundas que se experimentan en conciencia ampliada. El método de respiración holotrópica es altamente estimulante para la aparición de este tipo de temáticas. El peregrinaje que realiza todo ser humano, desde la concepción hasta más allá del nacimiento, configura emocionantes experiencias para ser concientizadas. Cuando el contenido de estas vivencias emerge a la conciencia permite una comprensión tal que tiene un poder curativo y transformador sobre nuestra vida actual.
Todas estas modalidades tienen finalmente el único objetivo de acercar a la persona a descubrirse interiormente, a trascender las limitaciones y aprehender las lecciones que debe conocer en esta vida. Las crisis emocionales se abren como una gran puerta que permite el acceso a un mundo  desconocido hasta el momento pero que, a pesar del temor que implica atravesar su umbral en un primer momento, descubre infinitas posibilidades de conocimiento sobre nosotros mismos y nuestra verdadera razón de ser.

Está en cada uno de nosotros tomar la opción correcta, trabajarla y aceptar lo que nos sucede como un regalo de la vida para nuestro propio crecimiento interior. A partir de allí se sucederán otras experiencias que, fáciles o no de atravesar,  nos alentarán cada vez más a continuar en este camino sinuoso de la evolución personal y humana.

> MÁS INFORMACIÓN: Nuestro cuerpo es “decidor” de verdades , ¿Podemos leer nuestra piel? , Numerología para vivir mejor

Psicología Transpersonal y Ayahuasca 2ª parte

por Lic. Ana María Saracco

(haz click aquí para leer la 1º parte)

…hoy viajaremos a través de la muerte…

Para reencontrarnos con nuestra naturaleza universal debemos atravesar la muerte en vida, la muerte mística, que disuelve nuestra personalidad y nos permite el contacto con el centro mismo de nuestro Ser. La Madre Ayahuasca nos conecta con este centro, enseñándonos los misterios de la vida y de la muerte, por eso se la llama “la soga de la muerte”. Los seres humanos estuvimos acompañados por ella desde el principio de los tiempos. Era la bebida obsequiada por los dioses a los primeros indígenas; un brebaje que abre las puertas del misterio donado por la Madre Naturaleza.

Me encuentro frente a una nueva experiencia que moviliza en mí una artillería de resistencias. Me concentro en todas mis sensaciones corporales. Atravesarlas es ya un gran desafío, no me resulta sencillo ser penetrada por ellas. Observo como por momentos me desenfoco para tratar de evitarlas. El miedo, siempre el miedo antes de beber de este cáliz de la vida. Voy descubriendo que el valor intrínseco de toda experiencia radica en brindarnos la posibilidad de volvernos creativos y no reactivos en una bendita oportunidad de transformación. Siento que tengo que transformar mi miedo en entrega, sí, aprender a ir abriéndome a la vida, dejarme penetrar por ella, ejercitarme a vivir desde esta apertura, poder soltar el sufrimiento innecesario creado por esta resistencia a lo desconocido de la vida. Mi alma crea continuamente estas experiencias para colocarme en situaciones especiales que actúan como trampolín que me impulsa a saltar… a soltarme. Aquí la magia que ofrece la naturaleza salvaje es la de rasgar cada velo de urbanidad y revelarnos a nosotros mismos en una verdad casi desconocida y por ello insinuadamente amenazante. El ritual sagrado es el Ser que se desnuda a sí mismo al simple contacto con las fuerzas de la naturaleza. Sólo me queda, no resistir al despojo de las vestiduras del mundo.

En profunda comunión aceptamos la pócima ofrecida por el chamán.

Voluntariamente son varias las formas en que se puede llevar la conciencia a los planos más sutiles de la realidad. Ciertas sustancias llamadas psicoactivas o psicodélicas tienen este mismo efecto. Las plantas sagradas o enteógenos, como la ayahuasca, se asumen en un contexto ritual. El término “enteógeno”, acuñado por el etnobotánico R. Gordon Wasson se refiere a sentir la presencia de la divinidad sin morada que se experimenta bajo su influencia. En el campo de la psicología transpersonal el camino delineado de encuentro con nuestra divinidad subyacente asume una modalidad evolutiva. Como psicología de la conciencia opera desde la necesidad intrínseca de crecimiento de la personalidad hacia el objetivo más elevado de la integridad del Ser. El trabajo clínico configura el aprendizaje en la expansión de la conciencia. Todos los niveles del ser están comprometidos en esta labor de autoconocimiento gradual, constante y profundo. El modo de operar del viaje chamánico, con el uso de las plantas sagradas, tiene un punto de encuentro con la cosmovisión transpersonal: la exploración de la conciencia más allá de los límites conocidos. La meta de este trabajo psicológico es despertar a la conciencia superior y su objetivo fundamental es la auto-trascendencia. La psicología transpersonal reconoce el potencial humano para experimentar una amplia gama de estados no ordinarios de conciencia, estados que se encuentran más allá del ego. Según Mc Kenna, el mejor mapa que tenemos de la conciencia, como conocimiento interior, es el mapa chamánico. De acuerdo a este punto de vista el mundo tiene un centro. Cuando vamos a nuestro propio centro, un eje vertical nos permite viajar tanto hacia arriba como hacia abajo. Hay mundos celestiales, hay mundos infernales hay mundos paradisíacos. Estos son los mundos que se abren en nuestros viajes chamánicos.

el miedo se acrecienta… beber este líquido amargo resulta muy desagradable. Lo intento; respiro profundamente para tranquilizarme…. El corazón se acelera de golpe y una creciente lasitud me invade causándome más temor, el proceso de la mareación ha comenzado. Busco desesperadamente identificar sensaciones conocidas. Me siento presa de una lucha interna que nada tiene que ver con la paz y la entrega. Hay un punto de claridad en toda esta explosión de sensaciones: si realmente quiero explorar lo desconocido tengo que hacer frente a estos nuevos niveles de energía. Con esfuerzo me concentro en acompasar mi respiración al palpitar de la poderosa energía de la jungla. La respiración se convierte entonces en la guía conductora del viaje. Focalizarme en el ritmo respiratorio me lleva, sin proponérmelo, al encuentro con energías diferentes.

En un viaje de ayahuasca se activan aquellos aspectos que repetimos mecánicamente. El ayahuasca nos lleva directamente al espacio que necesitamos reestructurar de nosotros mismos. A cada uno nos da algo diferente. Ella entra en contacto con los espíritus que saben qué es lo que necesitamos para sanarnos física, psíquica y espiritualmente. No todos pasamos por las mismas vivencias. De este modo los ayahuasqueros viajamos por tantas realidades y mundos como capacidad tiene nuestra psiquis. Pablo Amaringo, chamán peruano, explica que la planta tiene en ella un espíritu (se refiere a su alma, a su esencia) que la mantiene viva, que es consciente y todo lo ve. Después de tomar ayahuasca no se vuelve a ser el mismo. Ella nos muestra otros mundos, otros aspectos de este mismo y nos abre a una nueva visión. Profundiza la experiencia de vivir permitiendo hacer contacto con aspectos todavía ocultos que nos privan de vivir libremente. Aunque el valor mas importante que nos dona es mostrarnos la muerte enseñándonos a morir. Dijimos que el término ayahuasca en quechua significa soga del ahorcado o del muerto. Está asociado al arquetipo de la iniciación, donde uno atraviesa un puente y renace como ser espiritual. Viajar a través de la muerte es un instrumento que favorece la sanación y el crecimiento personal. Morir en vida tiene múltiples valores: significa destruir la jaula de la identidad mental construida por el ego y sumergirse en el océano del poder natural que se encuentra más allá de los muros del yo. Destruir los confines del propio ego es en realidad morir a la propia identidad sostenida por la mascara que usamos que esconde la verdadera naturaleza esencial.

Silencios humanos… el grito de la naturaleza…. Sólo su voz que brota de las entrañas mismas de la tierra se impone a aquel que se dispone a entrar en su templo sagrado silenciándose a sí mismo. La fuerza de la vida nos arroja salvajemente a abrazar la muerte como única posibilidad de renacimiento. La liana sagrada me lleva a sentir mi resistencia en un dolor asfixiante que solo puede redimirse en una verdadera y honesta entrega a querer experimentar la vida desde un estado primitivo, salvaje, natural. Sin disfraces, sin recursos ordenadores ni moderadores, a cara limpia, a corazón abierto, a brazos extendidos. Con miedo y condicionamiento no puedo estar en comunión con la armonía de la naturaleza viva. Siendo ella a su vez el tester silencioso e implacable de la verdad interior: no tengo opción, o me entrego a su invitación o sufro por mi autoexclusión.

Para la mirada transpersonal la evolución de la humanidad está ligada a las transformaciones de la conciencia, su importancia radica en el aprendizaje en como ampliarla y transformarla. La terminología expansión o ampliación de la conciencia se refiere a su focalización en niveles diferentes al habitual. Es en estados de conciencia expandida cuando la persona logra abarcar plenamente su identidad total: cuerpo – mente – espíritu -universo. La conciencia expandida se hace ilimitada y trasciende tiempo, materia y espacio. Según Orlando Chujandama, chamán de la alta selva peruana, Tarapoto, el ayahuasca es la madre de todas las plantas, la más reverenciada y poderosa de toda la amazonía. Es un elemento indispensable en la forma de vida espiritual de los pueblos de esta región. Ha sido utilizada por siglos como camino para obtener la expansión de la conciencia por los curanderos del Perú. Configura un proceso de autodescubrimiento personal y espiritual que continuará por el resto de la vida

Empiezo a respirar quietud… el aroma intenso que emana de la vida perfora los bloqueos sensoriales adormecidos y apagados por días de rutina que roban espacio a una conciencia vital. Un profundo silencio interior me permite abrirme ahora al acontecer. Este momento me está revelando su eternidad. Puedo penetrar y ser penetrada por esta atemporalidad y siento en una respiración profunda involuntaria una expansión luminosa de todo mi ser. Soy la misma tierra que canta la canción de la vida.

> MÁS INFORMACIÓN: Comprensión de las crisis evolutivas


Psicología Transpersonal y Ayahuasca 1º parte

Punto sagrado de encuentro

por Lic. Ana María Saracco

Perú. Iquitos. Enero 1999. Estoy rodeada de jungla… me encuentro en el corazón de la amazonía peruana formando parte de un reducido grupo de personas reunido en amorosa convivencia desde la más diversa singularidad: pertenecemos a países y lenguas diferentes.

Argentina, Buenos Aires. A comienzos de los años ‘90 junto a otros profesionales de la psicología, nos reencontramos en la tarea de acercarnos a una comprensión más sensible del ser humano, pues la labor terapéutica no colmaba el ansia de nuestras almas  al sentirnos insatisfechos con la limitativa mirada que sustentaba la práctica psicológica.

En las últimas décadas del siglo XX, Occidente recibió la fuerte influencia de la sabiduría oriental y al mismo tiempo, comenzó un proceso de revalorización de la cultura indo- americana, depositaria de un saber profundo. Estos conocimientos modifican absolutamente el enfoque científico y entonces el viejo paradigma se vuelve insuficiente frente a esta nueva realidad.

A partir de los años sesenta, esta irrupción de oriente en occidente dio lugar a un movimiento que culminó en Estados Unidos con el surgimiento de la psicología transpersonal irradiándose posteriormente hacia Sudamérica.
El movimiento transpersonal, que se extendió a todas las disciplinas y se hizo internacional, es una corriente científica que une a individuos de diferentes profesiones y preferencias filosófico-espirituales.
La visión transpersonal permitió reconocer que las teorías psicológicas predominantes de la época eran demasiado estrechas para hacer justicia a todo el espectro de la potencialidad humana.
El concepto de transpersonal, que significa más allá de lo personal, fue adoptado para referirse a aquellas experiencias que van mas allá de la individualidad y de la personalidad. Incluye la dimensión espiritual de la psiquis, entendiendo por espiritual a  aquel modo de conciencia que busca experienciar la unión con todo lo que existe.
La espiritualidad es reconocida como una dimensión importante de la existencia, estando el ser humano llamado a crecer espiritualmente. En su naturaleza existe esta disposición innata y el desarrollo de esta capacidad lo conducirá finalmente al encuentro con la propia naturaleza divina y a la conciencia de Dios.
Por lo tanto este reconocimiento, como integración del nuevo paradigma transpersonal, es una clara demarcación con las lecturas tradicionales en el campo de psicología.

Iquitos…   este momento de mi vida responde al deseo profundo de mi alma de zambullirse en lo desconocido de si misma. No cabe duda de que este entorno es altamente favorable para ello.
La selva cobija en su interior una fuerte energía que impulsa a la conciencia a moverse fuera del ámbito de lo ordinario. “Aquí, frente a los grandes misterios de la vida, en la oscuridad de nosotros mismos, residen los portales a una nueva posibilidad. Aquí está el potencial para la evolución del alma y la inteligencia de la humanidad”, explica el Dr Richard Moss en su libro “La mariposa negra”.
El silencio profundo de este lugar es el regalo de la madre naturaleza a sus hijos sedientos de paz.
Este estado de comunión permanente con esta maravillosa energía me permite tomar conciencia de la necesidad de aprender modos diferentes de funcionamiento. Mi mundo conocido está desapareciendo y todo reviste una expectante novedad.

“Madre Ayahuasca aquí están tus hijos, hoy hemos venido para estar contigo.”

Hace dos años (1997) entré en contacto con el espíritu de la Madre Ayahuasca. Siempre es una nueva experiencia de vida. Es mi primera vez en este lugar tan alejado de la “civilización”
Hoy celebraremos nuevamente la vida. Tomaremos el vino del alma (así la denomina el chamán Orlando Chujandama) en un acto de oración, en un gesto de celebración de la belleza y de la importancia del misterio.

Un ritual chamánico es una oración y una fiesta al mismo tiempo, donde el amor, la energía y el poder discurren como un río desde el cielo hacia la tierra.

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Psicología transpersonal y ayahuasca 2ª parte , Comprensión de las crisis evolutivas